“El investigador no se rebaja al nivel del agricultor, sino que se eleva”
Los resultados de la investigación científica, no están hechos para guardarlos
en un laboratorio bajo llave. Correctamente utilizados, pueden acelerar el progreso
de un país, siempre y cuando esos conocimientos sean bien asimilados, adaptados y
difundidos hacia los beneficiarios de esos avances.
Sin embargo, en la práctica no es simple. Lo sabe muy bien el Dr. Luis
Vázquez, quien en su Cuba natal promueve una transferencia tecnológica horizontal,
donde el receptor pasa a ser protagonista del cambio y el investigador, un agente
de progreso. “El investigador no se rebaja al nivel del agricultor, sino que se eleva”
, así lo expresa con énfasis este Ingeniero Agrónomo del Instituto de Investigaciones
de Sanidad Vegetal (INISAV) de Cuba, quien estuvo a principio de julio, de paso por
el INIA de Chillán, dictando charlas en Control Biológico y relatando la experiencia
cubana en innovación
Una coyuntura política de color verde
Cuba tuvo temprana conciencia, de que tendría que valerse de sus propias
capacidades en la esfera de la ciencia y la tecnología. Los avances logrados desde
fines de los ´50, encuentran un freno a principio de los `90 con la caída del bloque
soviético: reducción de los suministros de petróleo, materias primas e insumos. Y
sumado a esto, el bloqueo económico de los Estados Unidos.
En ese escenario, comienzan a escasear las piezas de mecánica y combustible
para poner en marcha los tractores; de hecho, todavía hoy se trabaja con tracción
animal. Los insumos agrícolas, como fertilizantes y pesticidas desaparecieron de los
escaparates y así el control biológico fue alcanzando su cenit. “Tuvimos que hacerlo
obligatoriamente porque no teníamos plaguicidas. En la práctica muchas cosas no
funcionaban”, recuerda Vásquez.
Aunque ya se utilizaba varias décadas antes, fue en los ‘90 cuando el control
biológico reemplaza imperativamente a los plaguicidas sintéticos. La investigación que
ya se había desarrollado, permitió una rápida sustitución de insumos químicos por
biológicos y así empiezan a sucederse los éxitos en este campo, es el caso del
cultivo de caña de azúcar “que hace años no recibe ni una molécula química”,
comenta Vázquez.
Sin embargo, este investigador es consciente que un cambio en la
coyuntura política, podría afectar este logro medio ambiental: “Si se levanta el
bloqueo yo pienso que habrá una parte importante de agricultores que retornarán
a la otra agricultura (química)” y agrega que “si el país quiere seguir con el enfoque
sostenible, va a tener que hacer un trabajo duro”.
“Los investigadores deben cambiar”
En su experiencia como docente en la Universidad Tecnológica de La Habana,
ha podido darse cuenta que ya desde el aula, los futuros agrónomos son instruidos en
metodologías que no involucran activamente al agricultor. Por esto, uno de los
principales escollos a los que se enfrenta la agricultura es a la verticalidad en la
relación investigador - agricultor.
Así lo considera este cubano, cuya larga experiencia en el área de innovación
y transferencia, le permite afirmar que “hay personas que ven al agricultor como
insignificante desde el punto de vista científico. Pero existe un conocimiento tradicional
no escrito, que el agricultor transmite de generación en generación y que los científicos
deben considerar”.
Este modelo, que sustituye a la transferencia y que Vázquez prefiere
denominar “adopción tecnológica”, presenta la ventaja de introducirse en el quehacer
agrícola de un modo natural y menos impuesto desde arriba hacia abajo.
- En una primera etapa, el investigador identifica a un líder o un referente
para los demás, que posea ciertas características, como la capacidad de
observación e innovación, entre otras. Su terreno servirá como parcela
demostrativa.
- Se formarán grupos de agricultores que realizarán un diagnóstico participativo,
para conocer las necesidades, puntos débiles y saber hacia dónde enfocar las
nuevas tecnologías.
- El investigador o técnico encargado de la adopción tecnológica, asume el rol
de guía. Sin embargo, la demostración, experimentación en terreno e incluso,
la evaluación de los resultados, impactos y grados de adopción, la realizan los
propios agricultores.
En este punto, yace uno de los mayores retos para los centros de
investigación, sostiene Vázquez, que es el reconocer a los agricultores como
experimentadores. “Hay una ciencia que se hace en la finca y que la hacen los
agricultores por iniciativa propia para buscar respuestas que no tienen. Hay que
reconocer los diseños experimentales de los agricultores y que sus sistemas de
evaluación son diferentes a los de los científicos; incluso, hay que reconocer la
superioridad desde el punto de vista de la efectividad que esas evaluaciones tienen”.